Basta con olvidarse de Boris Karloff y leer en diagonal la novela Frankenstein, de Mary Shelley, para caer en la cuenta de que la historia no da miedo. Quizás sea triste, espantosa, intrigante... porque es romántica y oscura. La conversación del coreógrafo Liam Scarlett -creador del ballet con el mismo nombre- es clarividente y desarma …
