Un seguro de vida

Hoy era el Día Internacional de la Música, por lo visto. Lo he visto en facebook. Es una de las cosas buenas de facebook. Me gusta facebook.

Una vez conocí a una chica que me dijo, sin pestañear, que a ella no le gustaba la música; que nunca escuchaba nada y que era incapaz de canturrear ninguna canción aparte del cumpleañosfeliz y poco más. Nunca he vuelto a encontrarme un caso así; todo el mundo escucha algo.

A veces he tenido la sensación de que la música es el máximo exponente de la inteligencia humana, pero luego siempre rectifico y pienso: “Nonono… es la poesía”. O “es la danza”. Da igual, cualquiera de estas cosas, y otras actividades que no voy a nombrar, nos sirve a los humanos para sentirnos los amos del mundo, del cosmos. Pero cuántas cosas se le trastocan por dentro a uno con la música.

Mis padres me cuentan que cuando nací y me llevaron a casa desde el hospital, me pusieron la tercera de Brahms antes de entrar para que tuviera una buena bienvenida al hogar. Desde luego, así la niña no nos iba a salir registradora de la propiedad. Puf. Los momentos más importantes de mi vida tienen banda sonora -inevitablemente- y cuando pienso en algo o en alguien lo que me viene a la mente es, siempre, música. Y al revés me sucede igual: soy como la magdalena de Proust en versión estereofónica.

Vivo con música; de hecho, soporto mal el silencio. No me gusta salir de casa sin llevar mi IPhone bien cargadito y los cascos en el bolsillo; a veces no escucho nada, pero llevar música encima es como si me acabara de hacer un seguro de vida.

Imagino que hoy habrá habido montones de conciertos gratuitos por todas partes, celebraciones y fiestas musicales. Yo no me he enterado de nada porque sigo en arresto domiciliario gracias a mi cirujano, pero en mi casa sigue sonando música constantemente. Como siempre. Un día más. No vivamos en el silencio, qué horror.

Today was the Internacional Music Day, people say. I read it on facebook. This is one of the nice things about facebook. I like facebook.

I once knew a girl who told me without batting an eyelash that she did not like the music; that she never listened to anything and that she wasn’t able to hum any song other than happybirthday or so. I’ve never met such a case again: everyone likes something to listen.

Sometimes I have the feeling that music is the epitome of human intelligence, but then I always correct myself and I think: “Nonono … it is poetry.” O “it is dance.” Anyway, any of these things, and other activities that I will not mention, makes us -human beings- to feel like if we were the masters of the world, of the cosmos. But how deeply music moves anyone.

My parents told me that when I was born and they brought me home from the hospital, they put Brahms’ 3rd Symphony before getting into the house to give me a good homecoming. Of course, this girl was not going to become a register of civil property. Oof. I keep the most important moments of my life together with its sound track -inevitably- and when I think of something or someone, what comes to my mind is always music. And the opposite happens to me; I am like Proust’s muffin, but in stereo.

I live with music; in fact, I hardly bear silence. I don’t like leaving my place without my iPhone and earphones in my pocket. Sometimes I don’t listen anything, but if I carry some music with me I feel as if I’d have just made a life insurance.

I guess that today plenty of free concerts happened everywhere, with celebrations and music festivals. I have not heard anything because I’m still under house arrest due to my surgeon’s whims, but in my house music was playing constantly. As ususally. One more day. Please, do not live in silence, how awful.

One thought on “Un seguro de vida

  1. Según Oliver Sacks, incluso en el cerebro más dañado, la música es lo último que se pierde. Personas totalmente inmóviles, pueden bailar; personas incapaces de decir una sola palabra, pueden cantar. Creo que no hemos inventado aún un adjetivo que le haga justicia a La Música (con mayúsculas, por supuesto).
    Estoy contigo en casi todo. Al salir de mi portal cada día y localizar mi iPod en el bolso, siento un gran alivio, ¡estoy salvada!
    Discrepo, sin embargo, en el concepto del silencio. La primera vez que pisé África (subsahariana), pude conocer el verdadero silencio, y desde aquel día forma parte de mí y lo busco a diario (con poco éxito la mayor parte de las veces…).
    Por cierto, esa chica debería ser estudiada por algún genetista… Qué vida más triste y angustiosa la suya, ¿no?
    Un fuerte abrazo, amiga. Da mucho gusto leerte.

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