Pasen a ver el circo

La otra tarde… la disfruté llorando. Un recuerdo infantil es más poderoso que un batallón equipado hasta las cejas, del mismo modo que unos payasos felices pueden funcionar como armas absolutamente mortíferas.

Payasos Aragón: Gaby, Fofó, Miliki y FofitoLos payasos salían andando por la pista, los niños saltábamos en el sofá gritando “¡¡¡Bieeeeeeen!!!”… y empezaba la fiesta. Con sus canciones aprendimos que lo importante del auto de papá era pasarlo bien, no importa lo tiñoso que fuera, que no hay nada más lindo que la familia unida, que a don Pepito siempre hay que preguntarle por su abuela, que las gallinas ponen huevos y sobre todo, a seguir siempre hacia adelante; aquello de “sin temer jamás/al frío o al calor/el circo daba siempre su función” era nuestra versión del “show must go on”, que te iba calando.

Los payasos no nos educaron para rendirnos ahora, sólo porque las cosas pinten feas; no señor. No nos dijeron que nuestra edad adulta no sería fácil, vale, pero sin querer nos enseñaron a resistir. La otra tarde, mientras un grupo de niños de CEDAM -mi hijo entre ellos- grababa las mismas canciones que nosotros cantábamos de pequeños para un nuevo CD de Fofito cuyos ingresos irán a la Fundación Española contra el Cáncer Infantil -con ese dato, mi corazón ya estaba tocado dos veces- los padres presentes cantábamos con entusiasmo; con el mismo con el que todos luchamos a diario por salir adelante, cada uno en su guerra.

Qué demonios. Había una vez un circo. No podrán con nosotros.

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The other afternoon, I enjoyed myself crying. A childhood memory is more powerful than a battalion armed to the teeth, just as a group of happy clowns can work as lethal weapons.

I remember that as the clowns walked in, we the children started to jump on the couch screaming “Bieeeeeeen!”… and then came the fun. With their songs we learned that what matters in Dad’s car is to have fun -no matter how squalid it could be- or that there is nothing better than keeping the whole family together, that we should always ask don Pepito about his grandmother, that the hen lays eggs… and above all, to keep going; that song which went “sin temer jamás/al frío o al calor/el circo daba siempre su función” (“we never feared/extreme weather/the circus always performed”) was our version of “show must go on” that we all learned.

The clowns taught us not to give up -not even now- just because things started to get hard for us, of course not. Ok, they never told us that our adulthood wouldn’t be easy, but I think we were taught to resist. The other afternoon, while a group of children from CEDAM -including my own son- was recording the same songs that we used to sing when we’re young for a new CD by Fofito (all the benefits will go to the Fundación Española contra el Cáncer Infantil, and that touched my heart twice) all the parents in the room started to sing enthusiastically; the same enthusiasm we all use everyday to get over our own battles, whatever they are.

What the hell. Come to see the circus. We shall overcome anything.

*Image Los payasos de la tele (Gaby, Fofó, Miliki & Fofito) © KORPA.

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