La foto de ahí arriba: tutús en el Mariinsky

Vale. Lo aclaro.

He recibido algunos correos preguntándome por la foto que aparece en la portada de mi blog (ojo, en el diseño para iPad no se ve). Es una montaña de tutús. Simplemente. Lo que no es tan vulgar es el dónde y el cómo fue hecha. Es el almacén de vestuario del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. La hice con mi iPhone hace dos veranos, cuando fuimos a actuar en el White Nights Festival. Un lujo trabajar con el BNE en ese escenario y una oportunidad única visitar el taller de vestuario del teatro con su principal Diseñadora de Vestuario, Tatiana Noguinova.

Los tutús de plato -como se llaman- similares a los que aparecen en esa fotografía, suelen almacenarse colgados de una percha, boca abajo, para evitar que el peso de los tules haga caer el plato. Pero cuando hay tantos tutús como en ese almacén, los trajes empiezan a amontonarse sin piedad en cualquier rincón que quede libre. Es bastante impactante enfrentarse a una montaña de tutús que te mira fijamente; intimida un poco. Los rojos y los naranjas de la foto son para el ballet Don Quijote, pero en ese almacén donde se mezclan los que están en uso con los nuevos a medio hacer o aquellos que hay que arreglar, se aprecia el repertorio actual del Ballet Mariinsky. De los románticos de Giselle a los platos de Paquita, revueltos con los de La Bella Durmiente o los maillots con faldita de Rubíes de Balanchine.

Cada tutú lleva escrito por dentro el nombre de su propietaria -aquella bailarina para la que fue confecccionado- y por fuera las manías de cada estrella. Las muy, muy delgadas, prefieren el cuerpo hecho de licra, elástico, mucho más cómodo para moverse. Sin embargo, las bailarinas con formas femeninas más marcadas prefieren el tradicional cuerpo de raso reforzado con ballenas y sujeto al plato con pequeñas piezas elásticas; limita el movimiento en cierto modo, pero realza la figura de forma espectacular. Aunque se intenta siempre respetar al máximo el diseño original de cada traje, según me contó Noguinova, algunas bailarinas pueden llegar a negarse a vestir determinados colores y cuando una diva es una diva… Una vez -no es broma- vi un Hada de las Lilas del Mariinsky vestida toda de blanco. Palabra.

Por cierto, es sabido que los artistas evitan vestir de amarillo en el escenario porque se dice que este color está gafado. ¿Por qué? Dicen que el gran Molière, en una representación de su Enfermo imaginario, sufrió un ataque. Una vez en casa, aún con su traje de escena, falleció. Iba vestido de amarillo.

Puaj, el amarillo.

All right. Clarification.

I received some emails asking me about the picture on the cover of my blog (notice that in the iPad version this photo is not displayed). It is a pile of tutus. As simply as that. What is not so common is where and how that photo was taken. It’s the costume shop at the Mariinsky Theater in St. Petersburg. I took it with my iPhone two summers ago when we were performing at the White Nights Festival. It was a great satisfaction to work with the BNE on that stage and a unique opportunity to visit the costume shop of the theater with its principal Costume Designer, Tatiana Noguinova.

The plate tutus -as they are called- as those shown in the photograph, are usually stored hanging on a hanger, upside down, to prevent that the weight of the tulle will pull down the plate. But when so many tutus are stored in a costume shop, the clothes start to pile up merciless in any place still empty. It’s quite shocking to face a mountain of tutus that stares at you, it’s a little intimidating. The red and orange tutus of the picture are used for the ballet Don Quixote, but watching the mixed up costumes at that store -those still in good use together with the new ones ready to be sewn, or the ones in needs to be repaired-  you can appreciated the Mariinsky Ballet’s current repertoire; from the romantic Giselle to the plates from Paquita, together with those for Sleeping Beauty or the maillots with short skirts for Balanchine’s Rubies.

Each tutu keeps inside the name of its owner -the dancer it was made for-  and outside, each star’s favourite quirks. Those very, very thin dancers, prefer the top of the tutu made of lycra, which is elastic, much more comfortable to move. However, those dancers with more feminine forms, prefer the traditional satin body reinforced with bones and fastened to the plate with small elastic pieces; it restricts dancer’s movement somewhat, but it enhances the figure spectacularly. Although the aim is always to respect fully the original design of each costume, Noguinova told me that some dancers may get to refuse wearing specific colors and when a diva is a diva … once, I’m serious, I saw a Lilac Fairy in the Mariinsky all dressed in white. No kidding.

By the way, we all know that artists avoid wearing yellow costumes on stage because this colour is supposed to be jinxed. Why? Apparently, the great Molière, as performing his Le malade imaginaire, suddenly had an attack. Once back home, still wearing his stage costume, he died. He was dressed in yellow.

Ugh, yellow.

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