Dancing MoMA

Volví al MoMA. Allí también se baila, aunque en secreto. Cuando estudiaba Duncan con Jeanne Bresciani -sísí, con la propia Bresciani- nos llevó un día al MoMA casi por sorpresa y nos pidió que llenáramos el espacio con el espíritu de Isadora. La que formamos Susan y yo alrededor del giacometti que respira en el jardín de esculturas.
Eso, por lo visto, hacía Isadora: visitaba museos y bailaba alrededor de las obras de arte. Lo recomiendo; es toda una experiencia. Ni que decir tiene que cuando me soltó Bresciani unos meses más tarde, mi percepción del mundo de Isadora había cambiado drásticamente.

Esta vez he descubierto otro espíritu bailarín entre las vitrinas. No encontré mi movado, pero sí a Loïe Fuller, esa bailarina americana que tuvo una idea estupenda -insisto: UNA idea estupenda- y triunfó iluminando con luz eléctrica las eternas mangas de sus túnicas. Ella está ahora bailando en el MoMA, suspendida entre una vespa, lámparas de Graumans y tenedores de Munari.

Para rematar, me tropecé de nuevo con el Indestructible Object de Man Ray al que me referí en mis “Okupas en el Reina Sofía”, pero esta vez en su versión reducida. Ahí estaba el metrónomo, que no levantaba un palmo del estante, chiquitito y acobardado, encerrado en una vitrina; al verlo tan desprotegido e indefenso me dio por pensar si sería él quien había encogido, o yo la que me habría agrandado desde nuestro encuentro anterior. Me temo que hay un poco de cada cosa.

Me gusta el MoMA porque en él todo está ordenado cronológicamente y yo soy muy dada a buscar las estructuras con desarrollos y finales claramente delimitados. Pero después de ver la pequeñez del metrónomo, dejé que cayera el telón y salí hacia la Quinta Avenida. Tan contenta. 

I went back to the MoMA. You can dance there, but secretly. Years ago, when I was taking a Duncan course with Jeanne Bresciani -yesyes, with Bresciani herself- she took us to the MoMA almost by surprise and she asked us to fill te space with spirit of Isadora. How amazing what Susan and I did around the giacometti at the sculpture garden.

That’s what Isadora used to do: she visited a museum and danced around the art pieces. I recommend it; it’s quite an experience. Obviously, by the time the classes were over, my perception of Isadora’s work was totally different.

This time I discovered another dancing spirit at the museum; I couldn’t see my movado but I found Loïe Fuller. This American dancer had a brilliant idea – I mean ONE briliant idea- as illuminating with electric light the endless sleeves of her dress. She is now dancing among a vespa, Grauman’s lamps and Munari’s forks.

And then, I met again Man Ray’s Indestructible Object I refer to in my “Okupas en el Reina Sofía”, but this time it was the tiny version of it. The metronome was there, not even 10′ tall, so small and terrified, that I started to conside if it was the metronome who had shrunk, or it was me who had widened since our last meeting. I believe there was a combination of both.

I like the MoMA because everything is chronologically displayed, and I’m very much into that structure of developement and ending. But after seeing the smallness of the metronome, I just let the curtain go down and I left the museum by the Fifth Av. Really happy.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s