Casualidades

El teatro está lleno de casualidades inexplicables e increíbles; la vida, también. Sobre el escenario nos hemos acostumbrado a ver como lo más normal que Don Álvaro descubra a Doña Leonor en el convento donde él mismo se estaba muriendo de asco en el acto anterior, pero en la vida real nos resistimos a creer que esas cosas, sencillamente, pasan. Porque sí, como dice la copla.

Tengo una amiga con la que me une la profesión -también ella fue bailarina- y con la que coincido de vez en cuando por ahí. Que tengamos amigos y lugares comunes a pesar de nuestras diferencias de itinerarios -ella nació en Perú y estudió en Londres; yo, en cambio, soy madrileña de origen y neoyorquina de formación- puede explicarse por los lazos profesionales que compartimos. Pero con el paso de los años, parece que llevamos vidas paralelas: nos han sacudido los mismos avatares físicos y emocionales. Hace apenas un mes nos encontrábamos por casualidad en Nueva York, teníamos entradas para ver las mismas funciones y hasta billete de vuelta a Madrid en el mismo vuelo. A nuestra llegada salimos a comer juntas por la calle Arenal y comprarnos camisones para la que se nos avecinaba porque pocos días después, hace menos de una semana, coincidíamos en el mismo hospital; en la misma planta, a sólo cuatro habitaciones de distancia. De nuevo, pura casualidad.

Las dos preferimos morirnos de cancer o de risa, a hacerlo de aburrimiento. Como si viviéramos en una sinfonía de Beethoven.

PD: Gracias a todos por vuestros correos y mensajes. Ya he logrado sentarme frente al ordenador. Ella también.

A theater play is full of inexplicable and unbelievable coincidences; so is life, too. On stage we see as “normal” that Don Alvaro could meet Doña Leonor at the convent where he was dying of disgust during the previous act; but in real life we refuse to believe that these things just happen. “Porque sí”, as in the Spanish copla.

I have a friend with whom I share my profession -she’s a former ballet dancer- and we usually meet by coincidence from time to time. We also share mutual friends and places despite our different life itineraries -she was born in Peru and studied in London; I’m from Madrid and I was trained in New York- that can be explained by our professional ties. But over the years, it seems that we have parallel lives: we have been shaken by the same physical and emotional vicissitudes. Just a month ago we met by chance in New York, we both had tickets for the same performances and we were also going back to Madrid on the same flight. Upon our arrival we had lunch together by calle Arenal and we bought gowns for the following weeks. Three days later, less than a week ago, we both were in the same hospital, on the same floor, only four rooms away. Again, by chance.

We’d rather die laughing or from cancer, as long as we don’t die from boredom. As living in a Beethoven’s Symphony.

PS: Thank you all for your emails and messages. I’m back at the computer. So is she.

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