El espectáculo

No sé qué pasa, pero Fernando Romero ha vuelto a dejarme con la sensación de que es más listo y más trabajador que yo. Tendremos que discutirlo seriamente en las próximas semanas, porque pienso defenderme y hacerme valer. Oh, yes.

En su fascinante Paseo por el amor y la muerte da una vuelta por el infierno de Dante con los grandes con los que le gusta siempre rodearse. Los vivos y los muertos. Pero lo cierto es que esta función era para mí una cortina de humo para autojustificarme en mi viaje a Itálica.

A mí, en realidad, lo que me apetecía era alojarme en casa de una amiga y sentarme con ella a ver un buen espectáculo. También quería ver bailar a José Antonio, que tiene unas manos divinas, y que se raspó un garrotín con Carmen Amaya que me dió tres vueltas la cabeza. Y ver a Fernando, que está bailando francamente bien. Y escuchar a Arcángel, porque no me lo había cruzado nunca, y saludar a Miguel Ortega, que me llama “maestra” con cariño varias veces por minuto.

También quería reírme en un camerino mientras Manolo Cortés maquillaba a mis amigos, y espantarme porque una botella de vino se había roto y alguien iba a tener que bailar con peste a rioja, y tropezar con unos cables que hacían eses a oscuras detrás del escenario, entre las piedras romanas. Y que me mezclaran a John Cage con Mairena y que una jauría de perros terminara en alegrías y en penas. Y ver que en el escenario a veces las cosas tienen más sentido que en el mundo real, porque ahí se improvisa menos, ¿no?

Total, que ver la función era una mera excusa para disfrutar del espectáculo.

I don’t know what happened, but Fernando Romero made me feel again that he’s smarter than I am and works harder than I do. We’ll have to discuss it seriously in the next weeks; I will defend myself. Oh, yes.

In his fascinating Paseo por el Amor y la Muerte Fernando walkes around Dante’s Inferno with those great artists he usually likes to be with. The living and the dead. But the truth is that this performance was a kind of smokescreen for me, something to justify myself my own trip to Itálica.

In fact, what I wanted was to stay at my friend’s apartment and sit with her to watch a good show. I also wanted to see José Antonio dancing, because I love his hands, and he danced a garrotín with Carmen Amaya that drove me crazy. And to see Fernando, who is dancing very well. And listening to Arcángel, because I had never met him before, and to say hello to Miguel Ortega, who calls me “maestra” several times per minute, with all his affection.

I also wanted to laugh in a dressing room while Manolo Cortes put some makeup on my friends, and to get frightened because a bottle of wine broke and someone would have to dance smelling rioja, and to trip on some wires in the dark backstage, among the ancient Roman stones. And that someone could mix some Mairena with John Cage for me, and a pack of dogs ending up in alegrías and sorrows. And to understand that sometimes things make more sense on stage than in the real world, because we don’t improvise so often there, right?

So, the performance was only an excuse to enjoy the real show.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s