Campanas

Una de las cosas estupendas de trabajar en el mundo del teatro, es poder disfrutar -y aprovecharse- del trabajo del regidor. Hay muchas más, claro, y casi todas hacen equilibrios sobre el alambre que separa realidad y ficción. Pero ayer, de pronto, me he dado cuenta de que mi ideal de vida es tener un regidor a mi lado permanentemente y que me diga eso de “Compañía, estamos en primera; repito, estamos en primera. Faltan 30 minutos para el comienzo de la representación”. Su reloj manda, y por algún motivo, uno siente que todo está bajo control. Me encanta.

Bueno, pues resulta que yo tengo regidor en casa, y no me había dado cuenta. En serio. Es genial. A mí -perdonen la osadía- me rigen las monjitas que viven enfrente. En el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid tocan las campanas religiosamente -nunca mejor dicho- y puntualmente desde un ratito antes de las 7 de la mañana, hasta 12 horas después. Las horas, las medias y los cuartos. Y coinciden sorprendentemente con la alarma de mi IPhone. Ignoro si ellas se rigen por un IPhone, o si mi IPhone las sigue a ellas, pero es bastante curioso ver cómo mi móvil empieza a relampaguear exactamente cuando la campana del convento empieza a dar vueltas.

No importa lo que esté haciendo, esa campana me indica si salgo tarde de la ducha, si tengo que cerrar el ordenador y ponerme el abrigo, o si me sobran cinco minutos para apurar mi té viendo por la ventana cómo se va poblando la plaza. En días tranquilos, con la ventana abierta, alcanzo a oír la de la Iglesia de San Ginés e incluso la del Convento de la Encarnación. Será deformación profesional, pero qué bendición de regiduría.🙂

One of the great things about working in theater, is to have a stage manager. There are many more nice things, of course, and almost all of them are balancing on the wire between reality and fiction. But yesterday, suddenly, I realized that my real wish is to have a stage manager with me, constantly, saying that half-hour call. His watch commands, and for some reason, you feel that everything is under control. I love it.

Well, it happens that I have a stage manager at home, and I hadn’t noticed before. I’m not kidding. It’s great. My life is governed by the nuns who live across the street. At the Monasterio de las Descalzas Reales in Madrid, the bell religiously -oh, yes- strickes each hour, every half hour and even each quater, from a little earlier than seven o’clock in the morning, until 12h later. And surprisingly, the bell coincides with the alarm of my iPhone. I do not know if the nuns are governed by an iPhone, or if my iPhone follows the bell, but it’s pretty funny how my phone starts to flash just when the bell of the convent begins to toll.

No matter what I’m doing, this bell tells me if I’m getting late taking a shower, if I have to shut down the computer and put on my coat, or if I still have five more minutes to finish my tea as I look through the window. On calm days, with the window widely open, I can hear the Iglesia de San Ginés and even the Convento de la Encarnación. Perhaps it’s because I work in theater, but what a blessing of stage management.🙂

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