Peliculeros

Ahora que ya ha pasado la tormenta, diré que Black Swan tampoco a mí me parece una película de danza; es una película sobre una pobre chica que está fatal de la cabeza, y que lo mismo podría ser azafata que corredora de bolsa. O bailarina. Tampoco baila Natalie Portman, ya lo sabemos. Su doble es Sarah Lane, una estupenda bailarina del American Ballet Theatre. De eso se da cuenta cualquiera, porque si en un año cualquier chica pudiera bailar como Sarah -aún casándose con otro bailarín como en el caso de la Portman, y poder seguir practicando en casa- las escuelas no estarían llenas de niñas de 13 años tratando de hacer fouettés. La cosa cae por su propio peso.

Con unas y con otras, acabé el otro día viendo The Turning Point (1977). Es una película de danza. Y es la película no premiada pero más nominada al Oscar de todos los tiempos. Ese año arrasó Annie Hall. Vale. Lo acepto porque Annie Hall es Annie Hall.

The Turning Point (Paso decisivo, en español) recoge todas las vivencias de nuestro mundo; creo que no se queda ninguna fuera. Su director, Herbert Ross -marido de Nora Kaye– lo conocía de cerca y Arthur Lorents dio en el clavo con el guión. Tuvieron un asesor artístico –Oliver Smith, para qué conformarse con menos- y un equipo colosal. El duelo final de Shirley MacLaine y Anne Bancroft resulta espeluznante por real; resume todo lo que el mundo de la danza puede llegar a esconder. Todo junto, a lo grande. Todo lo que se acumula en una sola vida; en una sola juventud y una sola madurez. En la vida a veces hay que elegir, y cuando tus fuerzas son escasas y valiosas, hay que pensar deprisa.

Además, en esta película está la danza. Los mejores en su plenitud. Baryshnikov en unos Giselle, Corsaire y Don Quixote imposibles de igualar, y el ABT de 1977 tras él. La perfeccionista Antoinette Sibley, Alexandra Danilova como leyenda viva, la corrección de Mariana Tcherkassky -encabezando el elenco de Études, ¿se han fijado?- y en los extractos de la Gala, los top 10 del momento. Como soy así de partidista, me quedo con Peter Martins en la coda final de Tchaikovsky Pas de Deux, aunque sólo sea por esa pirouette en dedans y los portés finales con los pies juntos, mientras aguanta estoicamente la espectacular anatomía de mi adorada Suzanne Farrell.

Para terminar, los créditos de la película escondidos entre mi estudio favorito de Chopin y la coreografía de Frederick Ashton para Leslie Browne. Me encanta ese solo. De hecho, ni parece de Ashton.

Now that the storm has gone away, I will say that Black Swan doesn’t seem to be a dance movie; it’s a movie about a poor girl who is a mental case; and she could be a flight attendant or a stockbroker. Or a dancer. Obviously, Natalie Portman doesn’t dance in the movie. Her dancing double is Sarah Lane, a beautiful dancer from the American Ballet Theatre. If any girl could dance like Sarah Lane does, after one year training -even, as Portman, being married to a dancer, so she can keep practicing at home-  we woudn’t find so many 13 year old girls trying to do fouettés on point everywhere. It’s self-evident.

Anyway, a couple of days ago I found myself watching The Turning Point (1977). It’s a dance movie. And it’s the film with more nominations to the Oscar but not awarded, ever. Annie Hall won a crushing victory that year. OK. I accept it because Annie Hall is Annie Hall.

The Turning Point brings together all the experiences of our dance world; we’re not missing anything. Its director, Herbert Ross –Nora Kaye‘s husband- knew it very well, and Arthur Lorents was perfect with the script. They had an artistic adviser, Oliver Smith -who else?- and a fantastic staff. The final duel between Shirley MacLaine and Anne Bancroft is scary for being too real, and shows what the dance world can hide. Everything, huge. All the things we can find in one lifetime, in one youth and one maturity. Sometimes, in life, you have to choose, and when your forces are scarce and valuable, you have to think fast.

In addition, in the film we have the dancing parts. The best artists at their best. Baryshnikov in Giselle, Don Quixote and Corsaire… his performances cannot be matched, and the ABT from 1977, with him. Antoinette Sibley, so perfectionist; Alexandra Danilova as a living legend; Mariana Tcherkassky heading the cast of Études… and among the Gala extracts, the top 10 of those days. As I’m soooo  partial, I’ll say that my favourite part is the final coda of Tchaikovsky Pas de Deux with Peter Martins, if only for the pirouette en dedans and the final lift, with his feet together, unmoved, while holding the spectacular body of my beloved Suzanne Farrell.

Finally, the credits of the film are hidden among my favourite Chopin’s Étude, with Frederick Ashton’s choreography for Leslie Browne. I love that solo. In fact, it doesn’t seem too much Ashton.

2 thoughts on “Peliculeros

  1. Como siempre y para no perder la costumbre, estoy de acuerdo contigo. The Turning point, un clásico. Esa si que era una auténtica película de danza!!…..Esa diagonal de brisés de Misha en el 2º acto de Giselle…..WOW!!

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s